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22 de junio de 2011

Anoche tuve un sueño

Anoche tuve un sueño. Soñé con un aficionado del Granada CF camino de Asturias con lágrimas en los ojos cuando se enteró vía telefónica que su equipo bajaba a Tercera División por una absoluta falta de responsabilidad de un dirigente mentiroso y orgulloso por no dejar que otros se hicieran cargo del club. Ese aficionado, había estado dos días antes viendo un partido amistoso de pretemporada en la Ciudad Deportiva Granada 92 frente al Granada 74, donde se comentaba el fichaje de un delantero cedido por el Málaga de nombre Álex Geijo.

En el sueño, vi a un grupo de jugadores llorando en un vestuario despidiéndose de los que podrían haber sido sus compañeros pero que debían irse para buscarse un futuro mejor. Entre ellos, destacaba un imberbe mozarrón llamado Manolo y de apellido Lucena, que con la ilusión de jugar en el equipo de la ciudad, fue de los pocos se quedó para competir en Tercera División.

Pero el sueño fue mucho más allá. Soñé con una pretemporada difícil, con la configuración de un equipo en dos días y muchas dificultades para salir adelante. Recuerdo vagamente mientras me acurrucaba con la almohada a 500 seguidores desplazados a Armilla para ver el debut de su equipo ante el Arenas, donde encajó un duro 4-0, o los 700 que acudieron al primer partido de Los Cármenes ante el Antequera que finalizó con 0-0.

Pero por momentos el sueño se fue transformando en una pesadilla. Casi me despierto cuando vi a un defensa con melena rubia anotar un gol en propia puerta en el minuto 91 del partido decisivo para subir a Segunda División B ante un equipo llamado Quintanar del Rey. El citado Manolo Lucena tocó previamente sin querer el cuero con la testa con la intención de cortar el cuero pero no tuvo fortuna. Y me ocurrió lo mismo al soñar que en el Miguel Fijones se agredía a la afición rojiblanca y al cuerpo técnico del equipo.

La noche avanzaba y el sueño se iba alargando con más vivencias negativas que positivas. Soñaba con una visita a un pueblo llamado La Roda, donde la afición se desplazó para apoyar a un equipo que buscaba de nuevo el ascenso encerrados en una habitación del estadio de Los Cármenes por falta de pago, y para abuchear e increpar al que era entonces su presidente, un tal Pedro Ruiz, al que hubo que echar por la fuerza y que fue perseguido por las calles de la ciudad por sus propios jugadores. No era la mejor manera de buscar un cambio de categoría, ni tampoco lo era entrenar en los aledaños de unas instalaciones deportivas situadas en la Bola de Oro por no tener sitio donde entrenar.

Mi corazón se agitaba mientras soñaba con la visita a La Espiguera de Melilla o por crear enemigos en pueblos limítrofes como Maracena, Santa Fe, Peligros o Armilla, y escuchar por megafonía como granadinos aplaudían que el Roquetas accediese a liguilla en vez del Granada CF. Casi abrí los ojos por un sonido ensordecedor en forma de trompetilla que se metió en mi cabeza con motivo de un partido ante un equipo ya desaparecido llegado de Guadix que con su “afición” celebraba un tanto de penalti como si de la final de la Champions se tratase. Tan sólo fue un susto, afortunadamente seguí durmiendo.

Pero el sueño me dio un respiro con un ascenso ante un equipo vestido de morado llamado Guadalajara. Era la parte más bonita e ilusionante de mi sueño, pero de nuevo comenzó a tornarse en pesadilla tras quedar fuera de los play off de ascenso pese a ganar en Linares. Los problemas volvieron a aparecer y de nuevo mi corazón se agitó al ver a toda una plantilla ponerse de rodillas justo al comienzo de un partido para reclamar sus emolumentos. Ahí estuve a punto de despertarme. Comencé a llorar internamente ante lo que podría ser el final de mi sueño tras estar toda una noche (que me pareció media vida) pendiente del mismo, pero vi un hilo de esperanza y seguí soñando. 319 valientes apostaron por su equipo sacándose un carnet por el doble de su valor con el único objetivo de salvar a su club. Aportaron su granito de arena para seguir vivos y poder mantener la respiración, aunque fuera asistida.

Hasta que llegó un hombre de Murcia de nombre Enrique y de apellido Pina, que apostó por un club a punto de morir junto a su socio italiano llamado Gino Pozzo. Poco a poco me fui relajando. Ya sí que no quería despertarme. Estaba disfrutando por ver como 20.000 personas llenaban las calles de Granada por el ascenso conseguido en Alcorcón y como, poco a poco, el equipo iba creciendo en Segunda División A. Ya era feliz. Mi cara era de alegría al ver a ese equipo (que tan dura me hizo pasar la noche) saltar al césped del Benito Villamarín. Pese a estar dormido, notaba como una sonrisa se instalaba en mi cara.

Se acercaba la hora de levantarme pero el sueño era ya plácido, todo era magnífico y por supuesto quería seguir con los ojos cerrados. Pero sonó el despertador. La sonrisa me invadía y no sabía por qué. Salí a la calle y los balcones eran rojiblancos. Compré la prensa y encendí la televisión y sólo se hablaba de él. En ese momento comprobé que ese equipo de mi sueño, estaba en la mejor Liga del mundo, entre los 20 mejores equipos del país y junto a él, un chaval, algo más maduro, que ahora porta el brazalete de capitán de un histórico llamado Granada CF de nombre Manolo y de apellido Lucena. Varias generaciones de seguidores verán por primera vez a ese equipo en la máxima categoría del fútbol nacional y otros, que ya lo vieron, podrán morir tranquilos al volver a verlo en la élite. El esfuerzo tuvo recompensa.
Afortunadamente, mi sueño tuvo un final feliz.

Dedicado a aquellos que no desfallecieron y lucharon en la medida de sus posibilidades para que el equipo de su corazón no desapareciera. A los “sumados”, los que fueron a Armilla, los que vieron al Antequera o fueron a Quintanar del Rey y La Roda, a los que ya no están pero se dejaron la piel por esos colores, a todos ellos, tan sólo decirles GRACIAS.

ANÓNIMO5001radio

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